jueves, 6 de abril de 2017

Sueños lúcidos y premonitorios

Por lo general escribo mis sueños a mano en mi nocturnario. Otras veces los grabo con la grabadora de voz de mi celular para después ponerles un título y guardarlos en mi archivo, sin embargo algunos son tan intensos emocionalmente hablando, tan largos y tan vividos, tan conectados entre sí, que me obligan a escribirlos así, en digital para recopilar tantos detalles como es posible. Esta es una de esas ocasiones.

Inventé el término encadenar sueños para referirme al ejercicio de amarrar el recuerdo de un sueño al de otro y al de otro y así, hasta completar tres. Al comienzo lo hacía por diversión, después, un poco por arrogancia, para probar la fuerza de mi memoria onírica. Lo hacía diciéndome que tenía pereza, que luego los escribiría todos. Sea como fuere ese término nunca se refirió a los sueños continuados, premonitorios y que luego desembocarían en uno lúcido, que fue lo que experimenté en días pasados. La cosa va así.

El viernes pasado tuve un sueño en el que me despedía de mi mejor amigo. Aparentemente su pareja estaba inconforme con nuestra amistad y él decidía, con tristeza, alejarse de mí. Todas las escenas estaban permeadas por mucha melancolía, por arrepentimientos. La sensación me la llevé a la vida despierta y varias veces pensé en llamarlo para saber cómo estaba, pero por algún motivo no llegué a hacerlo.

Ese día tuve que ir al centro de la ciudad para comprar materiales para una de mis charlas. De camino vi una bolsa en la calle, llena de algo que parecía ropa, o tela simplemente. En ella se veía escrito un nombre que correspondía al de otro amigo. El día anterior había recibido en mi casa a un cliente para una lectura de cartas que no sólo llevaba el mismo nombre de mi otro amigo sino que compartía varias características con él. Más tarde, a la hora del almuerzo en un restaurante, unas mujeres que se sentaron cerca de mi mesa hablaron del lugar de origen de este segundo amigo mío. Sonreí interiormente y pensé en que tantas señales apuntando hacia él eran un llamado para que lo saludara. En la tarde lo hice a través de un mensaje y me olvidé del asunto.

Al día siguiente, el sábado, soñé de nuevo con despedidas, aeropuertos y desplazamientos fallidos, además me desperté muy temprano, algo que en mi código personal suele ser señal de alguna perturbación venidera. Como tenía varias cosas que preparar para la charla no le di mucha importancia y me concentré en mi lista de quehaceres. En la noche revisé mis mensajes y me encontré con una respuesta muy extraña de este amigo al que apuntaban las señales. Usando un lenguaje que no parecía propio, me pedía que no me comunicara más con él pues esta cercanía le estaba trayendo problemas con su pareja actual. Respondí tan cordialmente como pude, observé mi reacción y traté de entender cuál era el significado detrás de las sincronicidades que me llevaron a esos actos y de los sueños que pronosticaban el resultado. “Soltar el exceso de equipaje”, me dije. Tal vez estaba dándole demasiada atención a aquella amistad. Vi una película de comedia, comí y luego me dormí.
El domingo volví a despertar temprano, pero de un modo distinto al día anterior. Necesitaba ir al baño antes de volver a dormir. Sabiendo que esa es mi técnica más efectiva para inducir sueños lúcidos, la interrupción de mi descanso cuando llevo varias horas durmiendo, me concentré en un objetivo para cumplir en mi sueño lúcido, en caso de conseguirlo. Intentaría conectarme con el espíritu del geranio, una planta que me cautiva. Repetí los pasos que me ayudan a alcanzar la lucidez, quietud corporal y atención firme, además me fijé bien en el modo en que estaba quedándome dormida para practicar las posiciones gemelas, es decir para replicar con el cuerpo del ensueño la postura del cuerpo físico. Un onironauta con más experiencia que yo me había dicho que esta técnica era útil para alargar los momentos lúcidos y llevaba semanas intentando aplicarla. Preparada me entregué al sueño.

Reconocí que estaba soñando cuando me encontré en una cama diferente a la que ocupaba en esta realidad. Sonaba la radio en una emisora que pude identificar. También supe el nombre del locutor. Me levanté y casi sin pensarlo empecé a poner a prueba esa realidad. Intenté atravesar una pared con el brazo. Al comienzo dudé y no lo logré pero de inmediato me recordé que era un sueño y por lo tanto todo era posible, al segundo intento pude meter la mano en la pared. Seguí así hasta atravesarla por completo. Pude mover los dedos del otro lado pues resultó ser un muro bastante grueso.

Mi siguiente acción fue apagar la radio. Funcionó y no, apretaba un botón y traía el silencio. Luego empezaba otra vez. Supongo que en el exterior algún vecino tenía un radio encendido y esos sonidos se filtraron en mi consciencia. Me aburrí de eso y me fui a explorar los alrededores. Recordé mi objetivo. Por algún motivo buscaba un frasquito con esencia de geranio. Sabía que podía encontrarlo al otro lado de un parque, en una de tres casas con puertas muy disímiles. Cerré los ojos e intenté teletransportarme al frente de esas casas. Estaba a una cuadra de ellas pero en ese escenario me parecía ridículo caminar si podía cortar camino a la velocidad del pensamiento. No lo logré y pensé en otra técnica, volar. Lo hice y me maravillé. Tenía control total de mis movimientos y cuando aterricé lo hice suavemente sobre la planta de mis pies. Pude ver que llevaba tenis.

No recuerdo bien si fue en ese momento o antes cuando sentí que perdía lucidez pero fui capaz de recordar la posición que tenía en mi cama. Me acosté ahí, en el suelo, sentí que el sueño se estabilizaba, me puse de pie y seguí. Vinieron paseos con desconocidos por lo que parecía ser un restaurante. Recordé mi objetivo y me encontré con un par de chicos. Uno empujaba y golpeaba al otro, lo que me motivó a defender al agredido. Por un momento lo vi en mi mano como si fuese un muñeco de plástico, era muy bello. Al instante siguiente era de nuevo un niño de carne y hueso. La agresión paró. Empezaron a armar un cigarrillo con algo que parecía corteza de algún árbol, “blackthorn”, aunque en el sueño yo oía que le decían “blackstorm”. Los chicos cantaron una canción para agradecer al espíritu de la planta de la que venía esa corteza. Les pregunté por qué cantaban en alemán. No respondieron. Sólo en ese momento me dí cuenta de que habíamos estado hablando en inglés. De ese canto recuerdo una palabra, el sonido, no la escritura. Para identificarla he tenido que escuchar canciones. Es esta: Schwer. La traduje primero a inglés y luego a español. Una de las acepciones en inglés es “heavy”, pesado, pero hay otra palabra en alemán que llama mi atención “Schlehe”, endrina, justo el nombre del árbol que se mencionó antes: endrino (blackthorn). Me maravillo, me sorprendo.

Sí, estoy aprendiendo alemán, pero de todas las palabras posibles Schwer no es una de las que sé el significado ni de las que reconozco más fácilmente cuando oigo frases en ese idioma. Mucho menos Schlehe. La “coincidencia” es demasiado fuerte para pasarla por alto. “Heavy”, el mensaje parece estar unido a mi reflexión después del mensaje que recibí de uno de mis amigos, soltar, dejar que lo pesado caiga para poder elevarme, para poder volar, como en este sueño.

La acción siguió. Uno de los chicos, convertido en hombre, me llevó al lugar donde creyó podría encontrar a alguien que me hablara más del geranio. El lugar era un hospital o una clínica. Recuerdo haber visto el caduceo de Mercurio en la puerta de vidrio de la fachada. La mujer que encontré me reconoció. Parecía asustada e incómoda. En ese momento perdí la lucidez y pasé a otro sueño, luego desperté.

Tengo la sensación de que el sueño va a seguir, no sé cuándo. Los que he tenido después no parecen estar relacionados con el lúcido aunque también han sido muy intensos.

El detalle del caduceo de Mercurio tampoco es casual. Antes de dormir pensé en el asclepeion como alternativa para mi objetivo onírico.

No sé qué más traerá esta serie pero me tranquiliza saber que si lo necesito, tengo una adularia conmigo para continuar la exploración.

martes, 21 de marzo de 2017

La velocidad del pensamiento

¿Qué se mueve más rápido, la luz o el pensamiento? Habrá quien responda que tienen la misma velocidad. Los pensamientos se transmiten entre neuronas, células que tienen electricidad, luz, por lo que no debería haber diferencia entre uno y otro, mas lo cierto es que la hay.

El fin de semana que pasó induje un sueño lúcido con el objetivo de explorar una situación que me interesa. Quería experimentarla por adelantado para saber si ganaría o no algo, en términos de transformación personal, trabajando para alcanzarla.

Cuando adquirí lucidez me encontré en la entrada del sitio donde se dará la situación. Había varias distracciones disfrazadas de niños malcriados, entonces pensé en entrar al lugar y recorrer todo el trayecto hasta el sitio que elegí como ideal para la visualización onírica, luego recordé "es un sueño". No tenía que caminar, flotar, volar ni nada de eso, bastaría con desear estar allí para lograrlo. Cerré los ojos sin miedo de perder la lucidez, me concentré en el objetivo y cuando volví a abrirlos estaba allí, con los elementos que me hacían falta y en compañía de quienes creo estarán allí. La nitidez era baja pero la emoción intensísima, al punto que me sacó de ese nivel, perdí la lucidez y tuve un falso despertar. Hablé con una figura que hacía las veces de un familiar, le expliqué lo que intentaba hacer. Se alejó para que siguiera en lo mío y aunque lo intenté sobrevinieron las alucinaciones hipnopómpicas.

Este sueño me gustó mucho, no por las imágenes en alta resolución ni por la duración, me gustó porque fue una prueba real, real de otra realidad, una prueba de que lo que me impide lograr lo que quiero son mis creencias, ese tema que he estado estudiando tanto últimamente y que poco a poco entiendo mejor.

viernes, 10 de marzo de 2017

Burbujas y cierres

Una de las indicaciones que doy, desde hace años, para dormir mejor y con más tranquilidad es la de hacer un cierre energético antes de entrar en la dimensión onírica. El procedimiento básico es muy sencillo.

El durmiente debe imaginar que está rodeado por una burbuja verde (color asociado con el amor universal) o violeta (para propiciar la transformación). Los detalles dependen de cada quien, que puede agregar olores, texturas, sabores o incluso dibujar símbolos reiki o alquímicos para reforzar la sensación de protección.

Durante un tiempo me pregunté si estaba tomando distancia del mundo al hacer este ejercicio y dejé de practicarlo. Esas noches dormí bien, sin embargo noté que mis sueños se hacían más difusos y, como consecuencia, difíciles de recordar en su totalidad. Sabía el tema, conocía a los personajes pero los detalles se me escapaban. En esa época, antes de cambiar de estado de consciencia me enfocaba, si es que vale este término, en el Cosmos. Enviaba buena vibra a la humanidad, al planeta, a la galaxia y así seguía.

Después de una reunión con Diego, un contertulio soñador, me propuse volver a cerrarme, dibujar de nuevo con mi mente burbujas de luz antes de dormir para ver si había algún cambio en la calidad de mi memoria nocturna. Luego de hacer este ejercicio durante siete noches seguidas empecé a ver un cambio. Poco a poco mis recuerdos oníricos fueron ganando nitidez, por lo que me era más fácil sostenerlos en el día y apuntarlos en mi nocturnario. Ahora puedo decir que sí, que los sueños que se tienen “dentro” de la burbuja son distintos de los que se tienen “afuera” de ella. La burbuja luminosa, como la veo, es una nave que me transporta a otras dimensiones de forma segura y calma, pero que no por eso me impide conectarme con otros seres ni con otros lugares. Como me dijo alguna vez un soñador con más experiencia que yo “mi puerta está bien cerrada”, lo que quiere decir que soy yo la que pone las condiciones para la interacción conmigo en esas realidades alternas, algo que está bien aquí y allá, pues el respeto y la seguridad están basados en los límites sanos.

Saber la diferencia que hay en los sueños, dependiendo de mi posición respecto a las burbujas mentales, me ayuda a incubar viajes nocturnos de un modo más preciso y me recuerda que puedo controlar la realidad mejor de lo que creen muchos mortales.



martes, 10 de enero de 2017

Disciplina + Voluntad + Inmovilidad + Conteo = Sueño lúcido

Desde hace días quería inducir un sueño lúcido, en parte por capricho y por otro lado porque quiero conocer a través del mundo onírico a Críspulo, el bisabuelo que eligió morir en la misma fecha en la que yo nacería después.

Hace dos noches lo intenté. Puse el despertador para que sonara 6 horas después de que empecé a dormir, pues la observación de mis ciclos de sueño me ha enseñado que ese es el primer momento de la noche en el que puedo intentar una inducción sin despertarme exhausta y desesperada por seguir durmiendo. A pesar de mi preparación y de mis conocimientos fallé. El despertador sonó y cuando lo agarré para revisar la hora me pareció absurdo que sonara en ese momento, luego recordé mi objetivo pero tenía tanto sueño y estaba durmiendo tan bien que de plano lo apagué y seguí en la inconsciencia en la que estaba. El intento siguiente fue bien distinto.

Contrariando los consejos que doy en un artículo acerca de higiene del sueño publicado en otro blog, me quedé leyendo hasta pasada la una de la mañana. El libro (Corea: apuntes desde la cuerda floja de Andrés Felipe Solano) relata experiencias que quiero vivir, así no sepa dónde ni cuándo, por eso fue un reto soltarlo. A esa hora sabía que iba a dormir hasta tarde, ya que puedo, y seguí con la idea, aunque a nivel un poco inconsciente, de inducir un sueño lúcido, pero ya en otro horario y con otra técnica.

En la mañana, como suele ser la costumbre molesta en el edificio donde vivo, empezaron los ruidos de gente, amplificados por la arquitectura del patio interior. Primero me resistí a usar tapones para oídos con tal de levantarme un poco menos tarde, pero pasado un rato seguía sintiéndome cansada por lo que me rendí a la tentación y me puse los tapones. Con la interrupción me había despertado bastante, aunque no había abierto los ojos. En ese momento se me ocurrió que podría practicar un ejercicio de entrada al sueño con conteo e inmovilidad. Me puse cuerpo a la obra.

Según Mariana, la administradora y fundadora de slucidos.com, para aplicar esta técnica se debe tratar de conciliar el sueño en total inmovilidad. Ella, para acentuar los efectos, pone los brazos por encima de la cabeza y espera hasta que siente la necesidad imperiosa de cambiar de posición para, con un movimiento rápido y limpio, acomodarse en la que será la posición definitiva y de entrada al sueño lúcido. Esta mañana, recordé sus prácticas, junto a otra que leí en El sueño lúcido de Guillermo Pérez y me acomodé de medio lado para lograr mi objetivo. En ese punto usé dos técnicas de conteo, primero la de “uno, estoy soñando; dos, estoy soñando; tres, estoy soñando...” pero aunque las alucinaciones (¿hipnagógicas o hipnopómpicas?, en ese momento de la mañana es difícil saberlo) empezaron a acentuarse sentí que el repetir una frase tan larga me distraía, por lo que antes de llegar a 20 pasé al conteo simple con el que he tenido mejores resultados. 1, 2, 3,... No llevo ningún ritmo establecido, no intento copiar el paso de los segundos ni me enfoco en mi respiración, simplemente cuento de 1 hasta 300, a mi aire, permaneciendo tan quieta como puedo. El límite, 300, lo elegí basada en mi experiencia, ya sé que si paso ese número y no me he dormido no lo lograré en el futuro cercano, por lo que prefiero salir de la cama y hacer algo más.

En la posición que estaba empecé a sentir incomodidad por el peso de mi cuerpo sobre uno de mis hombros. En lugar de desesperarme me concentré en la sensación, algo que creo aprendí del mindfullness, observar sin juzgar. Cuando llegué a 120 con el conteo sentí la necesidad física de cambiar de posición pero sabía que para inducir el sueño lúcido debía resistir y así lo hice. Seguí contando y cuando estaba alrededor de 180 la necesidad de movimiento se hizo fue irresistible. En ese punto recordé los consejos de Mariana y cambié de posición tan rápido y con la mayor economía de movimientos que pude. Me permití un movimiento más, leve, con los pies y seguí con el conteo. Estaba por llegar a 280 cuando empecé a perder la esperanza, ya casi podía imaginar lo que haría después de levantarme pero en ese momento me quedé dormida. Hubo una pausa que no sentí y luego me di cuenta de que estaba soñando, fue una entrada casi perfecta. Exploré mi casa, vi que la ropa de cama era distinta, pensé en volar, alcancé a abrir la ventana de la cocina para salir por ella pero el pensar en que llamaría la atención de los vecinos me desanimó. Tuve miedo de caer y luego me sentí cansada. Me acosté un momento en el suelo y cerré los ojos, pero fue solo un instante, sabía que si me permitía estar más ahí y así perdería la lucidez, sabía que en esta dimensión yacía acostada en mi cama. Me senté y apareció la trampa conocida, el deseo, esta vez vestido de lujuria. Quise satisfacerme sola pero luego pensé en que eso precisamente me haría perder la lucidez, como me ha pasado otras veces. Resistí el impulso inicial pero pronto emergió mi matiz competitivo, ¿y si mejor lo transformaba en un reto?, ¿qué tal si intentaba tener un orgasmo sin perder la lucidez?

Aprovechando la ocasión pensé en traer a un personaje. Deseé estar con el último hombre con el que salí, pero en el fondo sabía que no aparecería, pude ver su rostro con nitidez sabiendo al mismo tiempo que tras la pared que tenía delante estaba otra persona. Quien llegaría sería otro personaje. La mente nunca te decepciona, te da lo que realmente crees que puedes conseguir. Apareció una mujer aproximadamente 10 años menor que yo y poco atractiva, pero qué más daba, estaba ahí para experimentar y no tenía más energía para cambiar su apariencia. Nos besamos, su boca sabía amarga. Luego despierta comprobé que yo tenía la boca un poco amarga, pero en el sueño el sabor se intensificó. Seguimos acariciándonos y riendo, yo no estaba muy emocionada con todo el encuentro pero quería ver cuánto más podría sostener la lucidez. Ella fue al baño a orinar. Al pasar a mi lado le apreté un muslo como jugueteo, a lo que ella respondió con un gritito histérico*. En su ausencia me fijé en una toalla que había sacado de un estante y la guardé otra vez, al regresar me pidió que la dejara afuera porque planeaba quedarse a dormir en mi casa, por lo que usaría la toalla para secarse al día siguiente después de ducharse, entonces le reclamé no era tan cierto eso que me había dicho antes, que tenía que irse pronto. Todo se lo comenté en tono de broma y en inglés. Le dije que ahora era yo la que tenía que ir al baño y cuando me metí en un gabinete debajo del lavamanos empecé a despertar sin darme cuenta. Perder la lucidez no me molestó, me moví un poco y comprobé que estaba en la misma posición en la que me había dormido o casi. Como sea logré lo que pretendía.

Repasando lo sucedido pude llegar a dos conclusiones: 1) Las ganas de orinar se pueden confundir con deseo sexual en un sueño, pero ganas son ganas, son deseos e interfieren con la consecución de los objetivos que te propones, aquí o en el mundo onírico, como señala Alejandro Jodorowsky en su libro Psicomagia al referirse a las lecciones que ha aprendido en los sueños lúcidos; 2) los tibetanos estuvieron brillantes cuando denominaron yoga de los sueños a las prácticas utilizadas para alcanzar la consciencia a través de la actividad onírica. Como las asanas avanzadas características de otras ramas del yoga, la lucidez se alcanza tras práctica y esfuerzo, razón por la cual muchos principiantes se desaniman o se pasan la vida asistiendo a cursos, comprando libros, mezclas herbales y suplementos dietarios que prometen resultados instantáneos con un claro afán de lucro. A mí hay posiciones, asanas de yoga que no me salen ni pagando un millón de dólares, mi cuerpo no está listo para ellas y con los sueños lúcidos es lo mismo.

El ejercicio que hice esta mañana me recordó que puedo hacer todo lo que me proponga pero sólo si junto la disciplina y la voluntad necesarias para alcanzar los resultados que digo son importantes para mí. Seguiré aprovechando esta racha de motivación para ver hasta dónde llego.

*Supongo que el grito fue real y que mi psique y mi doble arreglaron todo para que la escena coincidiera con el ruido. Este tema es un poco extenso por lo que lo tocaré con más amplitud y profundidad en otro artículo.

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Después de compartir este artículo a través de mi lista de correo, recibí la respuesta que pongo debajo. Me gustó porque hace énfasis en aprovechar de un modo valioso una capacidad que todos tenemos pero que más de uno sólo usa para alargar orgías y videojuegos. Espero poder acentuar mi lucidez al punto que señala P., el autor:

Llevo ya más de dos décadas en la práctica del ensueño y como ya te imaginarás, la literatura de Carlos Castaneda ha sido mi principal fuente de información. A través de ella y la propia práctica del Ensueño he llegado a tener un gran control sobre la atención de ensueño. Muy al principio tuve esa tentación de experimentar el sexo en el ensueño, pero desde muy pronto me di cuenta la total pérdida de tiempo que es esa práctica durante la lucidez onírica. Recuerdo a la hermosa mujer que estaba conmigo y me recuerdo diciendo: "NO GRACIAS, TENGO MEJORES COSAS QUE HACER POR AQUI QUE FOLLAR CONTIGO" y salir atravesando la puerta del departamento solo para practicar pases mágicos y posturas de Yoga con mi cuerpo de ensueño. Así las cosas te recomiendo que si logras un WILD como le llaman a entrar directo al ensueño...uses las manos como elemento indispensable para mantener la lucidez de tu ensueño, según mi propia experiencia, no hay nada mejor. Conforme fortaleces tu segunda atención usa las manos, después de la práctica verás como logras mantener la lucidez por lo que parecen ser horas o días dentro del sueño. Así mismo la recomendación es que hagas cosas muy prácticas, observes objetos y regreses a las manos. O uses los objetos para moverte dentro del ensueño a otros escenarios...y una de las prácticas más intensas que he podido corroborar por esos lares...Las posiciones gemelas: "dado tu nivel de lucidez al quedarte dormida utiliza la información de la postura exacta en que te fuiste al ensueño y trata de recrearla en el escenario onírico volviendo a intencionar irte a dormir en exactamente la misma postura en la que iniciaste desde la vigilia. El resultado: el Ensueño más nítido que hayas visto jamás, de hecho el problema entonces será reconocer que sigues soñando, porque jurarías que ya despertaste de tan claro y tan real que se percibe todo durante este tipo de ensueño en particular".

miércoles, 31 de agosto de 2016

Para qué sirve recordar y registrar sueños

Si la respuesta a la pregunta ¿para qué sirve soñar? es esquiva, la respuesta a la pregunta ¿para qué sirve recordar y registrar nuestros sueños?, lo es todavía más. No creo tener una respuesta definitiva para ninguna de las dos pero he hecho algunas aproximaciones que me hacen sentir que estoy en el camino correcto. Estos son los hechos.

Hace aproximadamente 13 meses viví un episodio que llamó mucho mi atención, al punto que me motivó a registrar a diario mis sueños. La mañana en que ocurrió era común. Ya había amanecido y yo recordaba sin esfuerzo los últimos sueños que había tenido: estaba en una estación de buses, vestida con ropa que no tengo en mi vida despierta, luego usaba un ascensor para bajar a un nivel subterráneo y estando dentro de él sentí, junto a otras personas, que la tierra temblaba. El miedo quizás o la necesidad de mantener el control me insinuaron que toda la situación era un sueño. Aunque la lucidez sólo duró un instante, no olvidé lo que pasó luego. Después de una interrupción breve salí a la superficie para darme cuenta de que estaba cerca de un edificio que llevaba el nombre de una avenida. El sueño terminó en ese momento y yo desperté de forma natural. Ese día tenía que levantarme temprano para ir a algún lado y como la alarma de mi teléfono celular no había sonado supe que me quedaban algunos minutos para disfrutar. Me envolví más con las cobijas y esperé a que sonara la alarma. Entonces lo oí.

Una voz masculina, cantando en un acento distinto del local y con una claridad inusitada llamó mi atención. No sabía de quién era. No era Jorge Drexler interpretando Eco, la canción que usaba por ese tiempo como tono de despertador, era distinta. Lo primero que hice, sabiendo que nunca había escuchado esa canción, fue revisar mi teléfono. La hora era la que creía, por lo tanto el artefacto no era la fuente del sonido. ¿Y los vecinos? Si bien no tengo los vecinos más silenciosos y amables del mundo, los ruidos que vienen del piso de arriba llegan a mi ambiente sin nitidez y con interferencia. Difícilmente habría podido identificar la frase exacta que había escuchado si hubiese venido de allí. ¿Y la ventana que da al patio interior del edificio? Al ser un espacio techado el sonido habría tenido mucho eco, no se habría sentido como se sintió, prácticamente como si viniese de un radio a mi lado. Intrigada repetí la frase para no olvidarla, la apunté en mi cuaderno y comencé con mi rutina de ese día. A la hora programada el fragmento de la música que me acompañaba en las mañana se dejó oír. Más tarde confirmaría lo que ya sabía.

Mi hipótesis mejor para explicar el acontecimiento inusual era que, aunque no me lo creía, la canción había venido desde el radio de un vecino. Si tenía razón y la canción era alguna de moda, encontraría la letra tras una búsqueda sencilla en internet, pero no fue así. El doctor google me sugirió otras tonadas pero ninguna correspondía a la que había sonado esa mañana en mi habitación. Por lo que sé la canción no existe.

En ese momento no había leído el libro Alucinaciones del genial Oliver Sacks. Si lo hubiese hecho quizás no habría comenzado un maratón onírico improvisado. Este neurólogo cuenta en su libro la complejidad que pueden alcanzar las alucinaciones hipnopómpicas, o las que se tienen al despertar, que se caracterizan por ser muy complejas y realistas. Explica allí también que a veces pueden ocurrir varios minutos después de despertar, a plena luz del día y no en medio de las tinieblas, como ocurre con varias figuras altas, oscuras y vestidas con sotana que les quitan el sueño a tantos.

Otro libro que tampoco había leído en esa época es Realidad daimónica de Patrick Harpur, uno que me enseñara cómo apariciones −de ovnis y de vírgenes−, encuentros con criaturas fantásticas e incluso sueños pueden tener un impacto muy significativo en la vida de las personas. En este momento la explicación que puedo darle a ese fenómeno es que fue eso, una alucinación hipnopómpica, algo que me cuesta creer pues estoy bastante familiarizada con ellas y con sus primas hermanas las alucinaciones hipnagógicas, o de entrada en el sueño, menos complejas y más parecidas a instantáneas, a diapositivas que se presentan sin hilo conductor. Éstas últimas se producen, la mayoría de las veces, cuando estamos a punto de quedarnos dormidos pero también pueden visitarnos alguna mañana.

Registro minucioso u obsesión

Leí en los antepasados de los grupos y de las páginas de facebook, es decir en la sección de comentarios de blogs abiertos hace más de diez años, que una vez comienzas a registrar tus sueños surge una especie rara de inercia que te impide parar. Me reí al leer el comentario, me reí porque lo supe cierto.

No importa qué medio tenga a mano para registrar mis sueños, lo cierto es que lo hago de un modo casi obsesivo desde el día en que despierta escuché la voz cantarina de ese hombre. Apunto mis sueños en la libreta que cargo en la cartera, en archivos de computador, los he grabado con la grabadora de voz de mi celular y, claro está, en mi sempiterno nocturnario / diario. Leyendo a Guillermo Pérez en El sueño lúcido aprendí que a veces basta con darle un título al sueño para, meses después, ser capaz de recordar todo el relato. Si bien no he llegado a tal punto de experticia sí me ha pasado que sueños grabados con voz, a los que les he dado un título después de escuchar de nuevo, vienen a mi memoria con detalles al sólo pronunciar el título. Me ha pasado también que al revisar una grabación de hace meses, al comenzar a escucharla el sueño me parece ajeno pero en la medida en la que mi relato avanza soy capaz de “predecir” lo que ocurrirá a continuación y de entender los significados que cuando lo tuve parecían misterios cifrados.

Consejeros hechos a medida

A través de reuniones, charlas informales y otras algo más formales he acuñado la idea siguiente: Los sueños son como niños y las pesadillas son como pataletas. Si les prestas atención a tus sueños, así como se la prestas a un niño, éstos no sentirán la necesidad de llamar tu atención actuando de un modo ruidoso y exagerado. Esta idea ya no es hipótesis para mí, es realidad. Lo he comprobado tantas veces que he recuperado la capacidad de entender mis sueños nada más recordarlos.

En otra época, hace más de diez años, sentía que mis guías espirituales me explicaban el sueño que acababa de tener justo antes de despertarme del todo. Le di la espalda a esa práctica más o menos por la misma época en la que dejé de prestarle atención a mi actividad onírica, pero este camino, que me escogió a mí y no yo a él, me llamó a sus filas de nuevo, me probó y, tras varios esfuerzos, me entregó herramientas nuevas, distintas seguramente de las que usaré dentro de unos años. Sea como fuere una de las conclusiones a las que he llegado es que entre más sueños registras, de preferencia a mano, más los comprendes y menos te autoengañas.

Cuando estableces una relación honesta y abierta con tu actividad onírica los símbolos dejan de disfrazarse con ropas y maquillaje abigarrado. Si sientes que te hace falta la plata te lo muestran directamente con imágenes de bolsillos desocupados y ropa muy gastada. Si le tienes miedo a las alturas te hacen experimentar vértigo cuando te asomas por una ventana desde el piso número veinte de un rascacielos. Pero eso no es todo.

El transitar la dimensión onírica con tanta naturalidad te prepara para dar pasos importantes e inevitables, así esa naturalidad a veces implique vivir experiencias intensas en ausencia de cuerpo, o quizás por eso mismo. Una cosa es haber oído hasta la saciedad que el cuerpo es un vehículo, pero otra muy distinta es vivirlo. El mundo de los sueños te enseña a través de la experiencia que existes más allá de lo físico. Si un gamberro cósmico te persigue y te sientes vulnerable sientes miedo, así no sea posible que te haga sangrar. La persecución te muestra de forma empírica que las emociones negativas hieren, que son igual de reales que lo que vemos con los ojos físicos, pero también te recuerdan que no son los únicos órganos que tienes para “ver”.

Con el registro onírico constante que he hecho en el último año he comprobado cómo mis umbrales de percepción bajan, esto quiere decir que estímulos que siempre han estado en el ambiente pero que antes ignoraba ahora están a mi alcance. El olor del esmalte usado por una mujer hace horas o el movimiento preparatorio de quién está por irse genera un efecto en mi campo perceptual. La energía negativa a punto de estallar de un modo violento se hace evidente. La intromisión de un recién conocido se revela sin demoras, porque no voy a mentir, no todo es una pradera llena de mariposas y unicornios. Los retos reclaman su lugar.

Yo no pedí ser más sensible. No comencé a explorar el mundo onírico para canalizar entidades ni para adivinar el número ganador de la lotería, entré, como a muchas otras cosas en mi vida, por curiosidad pura, y un poco me ha pasado como al gato. Partes cínicas de mí murieron porque no les quedó más remedio. Miedos quedaron tendidos en el campo de batalla porque se dieron cuenta de lo ridículos que eran. Aún le temo al dolor, a la enfermedad, a la vejez, a la inmovilidad y a mil cosas más, pero, a diferencia de la que era hasta hace unos meses, ahora esos miedos no me paralizan. Los veo a los ojos y doy el paso de todos modos, así sea un paso corto. Avanzo para no quedarme en el mismo lugar, avanzo para crecer.

La relación que tengo conmigo misma es mucho más satisfactoria de la que tuve antes. No me siento sola, anticipo consecuencias con más fluidez, tengo más claridad acerca de cómo quiero usar mi tiempo, me alejo con facilidad de quien no me interesa sin sentir dolor o culpa por ello, reclamo lo que quiero sin sentir que abuso de nadie y me alegro sinceramente cuando sé que alguien tiene éxito. Ahora entiendo mejor la relación causal que hay entre el trabajo duro y las recompensas. Ya no gasto mi energía criticando durante horas o elucubrando acerca de quién se acostó con quién o quién sobornó a quien para llegar a donde está. Ahora estoy muy ocupada y muy satisfecha compartiendo lo que sé porque quiero que más personas se sientan tan bien como yo. Así los momentos oscuros me sigan acompañando no lo hacen durante mucho tiempo. Si me siento débil, vulnerable o triste sé que al sentarme a meditar volveré a ser consciente de mi centro, me conectaré con la felicidad que he experimentado antes, con esa esencia que no es mía ni de nadie y que tampoco está ligada a una persona ni a una situación en particular. Ahora sé de memoria el número que tengo que marcar para comunicarme con ese Yo superior del que todos hacemos parte. Ahora reconozco los infiernillos terrenales que me alejan de los paraísos ídem porque soy capaz, cada vez con más frecuencia, de reconocer la frontera emocional que hay entre unos y otros. Así que para todo esto sirve registrar sueños.

El paso que di en esta dirección lo di muchas veces, sólo que no fue seguido por otros iguales. En el pasado a veces apuntaba mis sueños, a veces los analizaba y muchísimas veces más los dejaba en el olvido. Al revisar diarios de décadas anteriores me molesta descubrir que no hay ni una palabra acerca del contenido de sueños que me hicieron advertencias acerca de situaciones desagradables. Con el corpus onírico que he acumulado hasta la fecha mi intuición también se ha desarrollado, ahora en falsa ausencia de pistas o claves, porque la información siempre está disponible, sé que eso que llamaba apatía o pereza es, en más de una ocasión, una señal para cambiar la dirección mas no para detener la marcha. No se trata de que sea infalible, de que todo lo vea y de que todo lo prediga, es más bien que he avanzado en eso de ahorrarme tropiezos, sufrimiento y pérdidas innecesarias. Mi atención ha aumentado y por ende ha mejorado la capacidad de elegir en qué o en dónde debo enfocarme.

Hoy que tengo más claro el nexo que hay entre las emociones negativas y la enfermedad puedo hablar con propiedad de aquello que redescubrió Freud, cuando explicaba que los sueños son una vía regia para comprender la actividad del inconsciente y el modo en que nos determina. A mí ya no tienen que venir a decirme que si presto atención a lo que me pasa de noche mi vida va a cambiar, mi vida cambió para bien y va a seguirlo haciendo. A veces sigo sintiendo que la energía se bloquea, que se estanca, pero también sé que cuando eso pasa puedo acudir a esa fuente de sabiduría infinita durante el día y durante la noche, una fuente que está ahí para mí y para todos. Mis sueños me han servido para estar, más convencida que antes, de que los ratos malos son sólo estaciones en un ciclo eterno, universal, que no se detiene, un ciclo que te arrastra si te resistes, pero que si aceptas seguirle el ritmo te enseña a danzar con él.

miércoles, 13 de julio de 2016

Un paso más hacia la extinción del miedo

En un artículo que escribí hace meses o en una actualización de mi estatus en facebook de la misma época escribí “si la alucinación llega cuando la esperas no causa miedo”. Me refería a lo que experimenté usando una técnica, basada en una frase específica y en un conteo, con el fin de provocar sueños lúcidos. Hoy, volví a usarla y los resultados, carentes de alucinaciones oscuras esta vez, volvieron a sorprenderme.

Desperté hora y media antes de la que había fijado en el despertador, y sabiendo que podía dormir un poco más me animé a repetir la frase con la que ya tengo experiencia: 1, estoy soñando; 2, estoy soñando; 3, estoy soñando… con la esperanza de quedarme dormida de un modo consciente. La repetí 20, 25 veces hasta que perdí la concentración y me descubrí repitiendo, en cambio, el mantra om mani peme hung. Apenas noté la distracción volví a la técnica,  1, estoy soñando; 2, estoy soñando; 3, estoy soñando…, para reforzar el efecto intenté estar tan quieta como fuese posible. Primero boca arriba y luego de costado, buscando muy rápido una posición cómoda, una que no estuviese antecedida por demasiados movimientos, luego volví al conteo, con tanta consciencia como me era posible. Cuando calculo que faltaba una hora o 45 minutos para levantarme logré estar inmóvil y concentrada en la frase. El sueño dulce estaba a punto de visitarme otra vez, lo de antes sólo había sido dormitar. Repetí la frase y hubo una pausa que creo breve, a continuación vi una mujer que caía por la ventana de un edificio. Completamente imbuida en el sueño creí que era mi realidad, pensé que era una imagen demasiado fuerte como para que un noticiero la transmitiera en directo, pero en el fondo había una sospecha. Sabía que el despertador estaba por sonar o algo así, hasta que ocurrió. La imagen quedó grabada en mi memoria, así como los fragmentos de los sueños que tuve antes del despertar no planeado, además me sentía bien. Sentí que el descanso había sido reparador y más. No sólo me recuperé de lo hecho el día anterior sino que avancé un poco más en el sendero onírico.

Esta noche volveré a practicarla, aprovechando una de esas consecuencias no planeadas, no esperadas que tiene el transitar el mundo de los sueños: la extinción del miedo. Hoy no vendrán a visitarme mujeres sin ojos, indígenas queriendo tomar mi cuerpo ni brujas malas.

martes, 7 de junio de 2016

Soñar en grupo: Reflexiones acerca de experimentos oníricos

Una de las posibilidades más espectaculares del aprendizaje onírico, además del sueño lúcido, es la de tener sueños compartidos. Atraída por esta idea, que veía como una curiosidad más que como un hecho probable, organicé el primero de los experimentos oníricos grupales que he llevado a cabo hasta la fecha. Lo que sigue es un poco de lo que he aprendido durante los últimos meses.

Lo primero que hice para comenzar un experimento onírico fue una convocatoria, algo relativamente fácil teniendo en cuenta que desde hace un par de años vengo construyendo una lista de correos electrónicos a la que le mando noticias, artículos y novedades de lo que voy encontrando en mi camino dentro del mundo onírico, sin embargo para mi primer experimento no me quedé ahí. Cada tanto reviso los artículos que encuentro acerca de sueños lúcidos, significado de los sueños y mundo onírico en general para ver si descubro algo nuevo. La mayoría de las veces sólo veo repeticiones.

Muchos se limitan a definir lo que ya sé, a parafrasear las teorías de Freud y Jung, pero muy pocos hablan de primera mano, por un lado porque no se sienten cómodos relatando sus experiencias en espacios abiertos y segundo (razón predominante) porque aman, adoran hablar sin tener ni idea de lo que dicen. Son muchísimos los autodenominados onironautas que se sienten con la autoridad suficiente para dar consejos y pontificar acerca de algo que, con suerte, habrán vivido dos o tres veces en sus vidas, pero como esos ya tienen demasiado espacio en las redes sociales, voy a dejarlos de lado en este párrafo.

Después de enviar un correo a los contactos de mi lista, recorrí la sección de comentarios de aquellas páginas en las que se mencionaban experiencias avanzadas en torno a los sueños. Algunas personas, con la esperanza de contactar a soñadores experimentados y disciplinados, dejaban sus correos para que alguien les escribiera. Yo tomé la iniciativa. Un par de ellos contestó y alguno mencionó que lo había hecho justo cuando retomaba su conexión con el mundo onírico, un comentario que cada tanto oigo o leo. Y así, con la sincronía –o la sincronicidad− en acción pasé a la parte meramente logística.

Llevar nocturnarios, pero sobre todo, diarios personales durante años me ha enseñado que la privacidad es muy importante. Aunque muchos políticos quieran hacernos creer que para vivir en un mundo más seguro es necesario que renunciemos a nuestra privacidad, porque así pueden agarrar a los terroristas más fácilmente, yo pienso de un modo muy distinto. No sólo porque tengo fresco el recuerdo del documental Citizenfour, sino porque sé que mis sueños hablan de conflictos, fantasías y deseos que no me interesa compartir con todo el mundo. Sí, lo sé, si lo publico en internet o si se lo envío a alguien por correo ellos, los ojos censores que todo lo ven, tienen acceso a él, a mi sueño, a mi intimidad, pero no por eso me siento cómoda mostrándole mis viajes nocturnos a cuanto desconocido pasa por mi página, y parece que no soy la única que piensa y siente así.

Hace unos meses se abrió una encuesta en uno de los grupos en los que estoy en facebook, la pregunta era ¿quieren que este grupo sea público? El no ganó. Entre las razones que leí para tomar esta decisión estaba que los soñadores se sentían más cómodos compartiendo sus experiencias sólo con otros que habían vivido cosas similares. Por lo visto a la mayoría le pareció muy poco atractiva la idea de ser llamado raro, freaky o drogadicto por gente que ni siquiera sabe de qué se habla cuando se menciona el término sueño lúcido.

En la página slucidos.com, por el contrario, los avances de los experimentos son públicos. Cualquiera que entre a los foros puede saber quiénes están participando y qué están soñando. Es cierto que los usuarios pueden elegir apodos y que las fotos son compartidas sólo entre los participantes de los experimentos, sin embargo la parte más íntima, más sensible queda expuesta. Cada quien es libre de contar o no sus sueños, lo que da un margen de protección, un margen que puede ser aceptable para ellos, pero no para mí.

No quiero que se me malinterprete. He entrado a esas secciones, he comentado y me sostengo en lo que allí he dicho: los ejercicios grupales y públicos son muy importantes, muy valiosos para animar a las personas a reconectar con una realidad que, lo acepten o no, viven noche a noche. Como con cualquier opción de crecimiento personal, espiritual o como quieran llamarle es eso, una opción, no la única ni la mejor. Sabiendo esto decidí crear una alternativa.

Todo lo hice de un modo intuitivo. Abrí una página en mi blog El sueño significado, a la que sólo tendrían acceso, a través de una contraseña, quienes hubiesen enviado la información necesaria para participar en el experimento. Claro que este sistema tiene fallas, pero la mayoría de la gente prefiere perder su tiempo de otras formas, por eso no anda robando información para saber qué sueñan los demás. Una vez creado el formato comencé a dar instrucciones y a soñar. Más adelante me encontraría con otra ventaja que no sospechaba.

Cuando se usa un foro para conducir un experimento onírico, por las características de este tipo de sitios, los mensajes se suceden uno detrás de otro. A menos que se haya organizado todo para que un miembro del grupo pueda responderle al otro justo debajo de la contribución inicial, su respuesta quedará muy abajo, dando la impresión de desconexión. Incluso si la herramienta existe pero las personas no saben utilizarla pasará lo mismo. Esto es lo que he visto en slucidos.com En mi blog, la comunicación entre participantes ha fluido de un modo distinto. En general todos, incluso una mujer que dice no tiene muchos conocimientos técnicos, han aprendido a usar con bastante rapidez la función de “responder a” con lo que se dan conversaciones virtuales, parecidas a las que nos muestra hoy en día facebook, con la opción de responder a cada comentario. Esta función le da a nuestras intervenciones un orden y una claridad que nos acerca entre sí, algo que como describiré luego es muy importante.

En sociología se habla de cómo las personas que conforman un grupo desde el principio siempre tendrán un grado de confianza y compenetración mayor que el que se tiene con alguien que llega uno, dos, tres o más años después de conformado. Para el nuevo, así lleve varios meses, será inevitable sentirse excluido cuando los demás comiencen a hablar de experiencias que tuvieron antes de que él apareciera. Al verlos reír por eso tan gracioso que les pasó y que los unió más, el “recién llegado” se sentirá raro porque eso de lo que se habla será una historia vacía, una referencia a algo vivido por terceros en una realidad que no le pertenece. Esto es justamente lo que pasa en los grupos oníricos consolidados.

Cuando llega alguien nuevo, por más que los miembros antiguos le den una bienvenida cálida y quieran hacerlo sentir cómodo, siempre surgirán comentarios y referencias a momentos vividos en el pasado. Esto lo he visto en slucidos.com y ya comenzó a pasar en mi blog. No lo voy a negar. En los últimos dos experimentos (he organizado tres), cuatro onironautas somos los mismos, por eso sin darnos cuenta tendemos a relacionar lo que nos pasa en los sueños del momento con lo que hemos soñado antes. Si alguien no ha participado en ellos no podrá saber de qué hablamos, en parte porque no tiene las contraseñas necesarias para acceder a las páginas correspondientes, y también porque, así las tuviera, es muy probable que no le interesara leer el registro detallado de todo lo que ha pasado antes de su llegada.

La experiencia que he acumulado del modo que acabo de describir me permite hacer las siguientes observaciones acerca de cómo es el aprendizaje grupal en el mundo onírico.

Se avanza más cuando los grupos son pequeños. La idea de armar grupos grandes, nutridos y vibrantes está bien para fiestas y paseos, pero cuando se trata de acercarse a una materia tan sutil y delicada, como son los sueños, lo mejor es que los integrantes no sean más de 8. Grupos más numerosos hacen que entren en juego demasiados factores, demasiados detalles que es difícil retener. Recordar sueños vívidos y con detalles es complicado para muchos, por eso me parece innecesario agregar más distractores. Entre más personas participen en un experimento onírico más atención habrá que prestarles a los personajes que aparecen en las historias nocturnas. Esto si bien es un reto saludable y atrayente, no creo que sea un objetivo adecuado para las etapas tempranas de aprendizaje. Al comienzo lo que uno busca es un grupo de apoyo en el que se pueda confiar y al que se pueda acudir en caso de confusión o peligro, que los hay, y esa confianza se construye con más facilidad cuando se puede identificar a los demás con o casi con los dedos de la mano.

Si vienes buscando el significado mágico de tus sueños, olvida el camino que te trajo hasta aquí. A pesar del tamiz inicial que hice para organizar el primer experimento onírico en mi página, algún aficionado a la interpretación de sueños llegó. Ya alguien me dirá que lo menos que puedo esperar es eso, si mi blog se llama El sueño significado, pero a ese alguien le diré “sí, pero no”. Cuando convoco un experimento onírico explico someramente el procedimiento a todos los curiosos y les doy los requisitos a cumplir (usar el nombre real, enviar una foto ídem, etc.). A la segunda fase suelen llegar sólo los que están realmente interesados, aunque también he visto a alguno que se apunta, manda todo y luego desaparece. Sin embargo, a pesar de las aclaraciones repetidas, a veces se cuela alguna persona que viene a preguntar por qué soñó esto o aquello, de pasada nos despacha una confesión no solicitada de lo que le preocupa en su vida despierta, hecho que sólo confirma que ya sabe por dónde van los tiros pero no se anima a correr del todo la cortina. Estos personajes suelen aburrirse pronto, porque se dan cuenta de que ya no estamos interesados en el tema. Frustrados se van a seguir buscando la respuesta al enigma en otro lugar. Nuestro objetivo es encontrar pruebas acerca de la comunicación que existe entre soñadores, no hacer conjeturas acerca de lo que la mente inconsciente quiere decirles a los otros, eso lo vemos como una tarea personal e individual en la que preferimos no meternos, menos si nadie lo ha pedido.

Si al despertar no te acuerdas ni de de cómo te llamas la vas a pasar mal. Se apuntan, 10, 15 participantes y al final 6, con suerte 8, envían sus sueños. Luego varios se limitan a ver desde la barrera cómo los más experimentados relatan sus experiencias oníricas, como envidiando al marinero veterano que acaba de llegar de una travesía por el Mar del Norte. No son pocos los soñadores que se unen a experimentos sin haber recordado y registrado sus sueños durante una semana seguida. Luego se quejan porque no lograron los objetivos o porque cuando recordaron sus sueños no tenían nada que ver con la temática propuesta. Esperan milagros y de eso nada. La memoria onírica, como casi todo, aumenta con la práctica, con el levantarse en la mañana o en medio de la noche a escribir lo mucho o poco que se recuerda de eso que estaba pasando en una dimensión distinta de esta. Entre más se recuerda y más se apunta más probable es reconocer a otros soñadores, despertar en un sueño y, por añadidura, cumplir con los objetivos individuales o grupales propuestos para un experimento. Yo apenas llevo un año recordando mis sueños y registrándolos a diario. Apenas un año porque sé de varias personas que llevan años dedicados a esta tarea. Los onironautas con más destreza no son necesariamente aquellos que desde niños tuvieron la capacidad de ensoñar sino quienes decidieron desarrollar con constancia ese talento en sus vidas. Otros lo tuvieron una vez y lo perdieron durante años, al cabo de los cuales tuvieron que retomar los ejercicios, el entrenamiento para estar “en forma onírica”. La calea zacatechichi y la galantamina (suplementos químicos para ensoñar) son atajos que no te sirven para nada si no sabes a dónde quieres ir.

OVNI es una sigla que significa Objeto Volador No Identificado, no una palabra corta para mencionar naves espaciales tripuladas por marcianos. Parece obvio pero no lo es. Muchas veces oigo, y me desespero, cuando un creyente en marcianos usa la palabra ovni de ese modo. Ni los ovnis son pruebas de la existencia de vida extraterrestre ni todos los sueños son experiencias religiosas y trascendentales. Quizás una de las peores cosas que me puede pasar en un experimento, además de terminar en un sitio oscuro en el que me persiguen saboteadores que me aterran y de los que no puedo huir, así sea un sueño lúcido, es toparme con uno de esos sujetos que siempre se despide diciendo “namasté” y que quiere abrazar a todos sus hermanos cósmicos. Esto, aunque no me ha pasado todavía es una posibilidad real, una que eludo tanto como puedo. El mundo de los sueños ya es bastante confuso como para agregarle expectativas mágicas y fantasiosas. La gente que quiere tener sueños lúcidos para descubrir el sentido de sus vidas, hacer desaparecer sus problemas con un chasquido de dedos o saber por qué su expareja ya no le quiere puede contaminar los resultados. Se aprende más y se avanza igual cuando los soñadores que se juntan para experimentar tienen un mínimo de criterio y  de objetividad, o mejor, de sentido común. He visto cómo un participante se hace una pregunta, sin que los demás lo sepan, y luego recibe la respuesta a través de un sueño de otro miembro del grupo. Las afirmaciones o enseñanzas que dejan tras de sí los sueños suelen ser expresadas con contundencia y brevedad. Su naturaleza deja ver que vienen de un lugar más sabio, no mediado por la razón. Así mismo creer que todo lo que se oye, ve siente o experimenta es sabio e incuestionable es peligroso, por eso nunca sobra comparar notas y conclusiones, algo que es más sencillo hacer cuando la mente está tranquila y los deseos no están desatados.

No te lo guardes porque ahí puede estar la respuesta que andamos buscando. Una de las ventajas de experimentar con otros soñadores que tienen un nivel de control onírico similar, y de hacerlo en un espacio resguardado, es que podemos publicar tantos recuerdos oníricos como queramos. Estén relacionados o no con los objetivos que nos planteamos al comienzo del experimento, los vemos como material útil para responder preguntas y sacar conclusiones cuando llegamos a la etapa de análisis. En nuestras páginas apuntamos todo lo que queremos, así no sean historias completas o escenas hiladas, lo que aumenta la probabilidad de encontrar coincidencias entre los sueños de los participantes. El concentrarse únicamente en los sueños literales, en los que hablan de modo directo del objetivo está bien si se quiere ser súper-hiper-mega-riguroso, pero al comienzo, cuando uno intenta tener un sueño lúcido y ver si hay conexión con los demás soñadores puede convertirse en un obstáculo que sólo dificulta y ralentiza el aprendizaje. Luego será el momento de adivinar el número de la lotería o de comprobar si es cierto eso que dicen de que hay guardias etéreos vigilando la entrada a la Biblioteca del Vaticano en el plano astral.

La respuesta es 35’327.347. Pero si yo no hice ninguna pregunta. Así, así son las respuestas que se reciben cuando se comienza un experimento onírico sin objetivos claros ni preguntas definidas. Se sueña cualquier cosa, se va a cualquier lugar y, si se tuvo la dicha de alcanzar la lucidez, se siente que se desperdició el sueño lúcido, junto a todos los esfuerzos que se hicieron para lograrlo. Los principiantes poco constantes se quejan, lloran amargamente porque ya llevan tres, días, imagínense, tres días enteros intentando tener un sueño lúcido y nada, no logran nada. Se frustran. Ya me gustaría a mí verlos cuando logren tener un sueño lúcido, se les salga de las manos y peor, no tengan un objetivo para aprovecharlo, eso, eso sí que da rabia. Por eso repito que la disciplina es importantísima. Para avanzar en aguas tan difusas como lo son las del mundo onírico no hay nada como ir en busca de un faro, de un puerto. Las características del objetivo girarán en torno a los intereses de cada grupo y de cada soñador. Es posible crear misiones conjuntas en las que cada quien hace las veces de pieza indispensable en la construcción de un rompecabezas, pero más allá de la misión que se describa, lo que cuenta es saber a qué se va, no ir sólo a ver qué pasa. Cuando se va con la segunda actitud es posible que no haya ninguna conexión entre soñadores, que se termine creyendo que esta chalada de los sueños lúcidos no es más que otro invento de la new age para vender libros y cursos. Entretanto los demás, los que sí sabemos a qué vamos, y tenemos una idea de a dónde queremos ir, vemos cómo aumenta nuestra consciencia.

Ser onironauta no es una moda. Aunque nos sabemos pocos, nos gusta. No hacemos esto porque sea una tendencia ni porque un actor de cine confesó que tiene un maestro que le enseña a ensayar sus parlamentos mientras duerme. Exploramos el mundo de los sueños para crecer y vivir mejor, no para que los demás nos vean como si fuésemos sabios o seres inmunes a los problemas. Visitamos los campos oníricos para aprender y asombrarnos, para comprobar todos los días y las noches que la realidad de la vida despierta no es la única que existe. Sabemos que el modo en que recorremos esa otra realidad es sumamente impopular, impopular porque demanda esfuerzo y disciplina, pero también sabemos que entre más sueños recordamos, entre más sueños registramos, más horas de vuelo onírico juntamos y así avanzamos, aunque muchas veces no tengamos muy claro hacia dónde ni cómo. No tenemos gurús intocables ni dogmas inviolables. Somos un puñado de curiosos más que otra cosa. Unos curiosos que la pasan bien.